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50 años de las Madres Carmelitas en Cañete: Crónica de su llegada y misión

Cincuenta años de vida contemplativa, oración y servicio a Dios en el valle de Cañete.

1. El inicio de una misión

El 12 de octubre de 1975, la reverenda Madre Margarita de la Sagrada Familia, superiora de las Madres Carmelitas en Ayacucho, recibió una carta de invitación de Mons. Luis Sánchez Moreno Lira, entonces obispo prelado de Yauyos, solicitando la presencia de una comunidad de Madres Carmelitas en el valle de Cañete. La noticia fue recibida con gran alegría por las madres capitulares del monasterio.

Así comenzó el camino que haría posible la fundación del Monasterio de San José de Cañete.

2. La llegada de las primeras carmelitas

El 10 de noviembre de 1976, siete religiosas carmelitas partieron del Monasterio de Ayacucho rumbo a San Vicente de Cañete:

  • Rvda. Madre Blanca Teresita del Niño Jesús, de nacionalidad española, de 62 años.
  • Hna. María Angélica del Espíritu Santo, de 44 años.
  • Hna. María Teresa de San José, de 42 años.
  • Hna. María Carmen de Hostia, de 29 años.
  • Hna. María de Jesús, de 21 años.
  • Hna. Ana Beatriz del Niño Jesús de Praga, de 21 años.
  • Hna. Catalina de Cristo Rey.

Al atardecer de ese mismo día, llegaron al colegio de Cerro Alegre, donde las Madres Dominicas les brindaron una cálida acogida durante dos meses.

Posteriormente, se trasladaron a una pequeña casa situada junto a la carretera Panamericana, en el distrito de San Luis, ofrecida generosamente por la familia Eugenio. Ante las dificultades que surgieron en esta primera etapa, la Madre Priora, confiando en la intercesión de San José, comenzó a buscar un lugar más adecuado, contando con el valioso apoyo de la señora Olga Jenssen de Yáñez.

3. Una etapa de crecimiento y confianza en la Providencia

Después de permanecer un año en San Luis, y con el acompañamiento espiritual de los padres Arturo García y Frutos Berzal, las religiosas se trasladaron a una casa hacienda en La Pampilla, perteneciente a la familia Peschiera. Allí encontraron un ambiente silencioso y retirado, propicio para la vida de oración, donde permanecieron durante ocho años.

Durante esta etapa, Mons. Mario Busquets fue nombrado capellán y acompañó a la comunidad durante trece años. Asimismo, Mons. Luis Sánchez Moreno Lira las visitaba cada sábado para rezar el rosario y exponer el Santísimo Sacramento, fortaleciendo así la vida espiritual de las religiosas.

4. La construcción del monasterio definitivo

El crecimiento de la comunidad, las continuas vocaciones y la generosidad de bienhechores, autoridades e instituciones hicieron posible dar un paso decisivo en la consolidación del Carmelo en Cañete.

El 12 de agosto de 1984 comenzó la construcción del actual convento en San Vicente de Cañete. Finalmente, el 12 de marzo de 1985, las religiosas realizaron su traslado definitivo a este lugar, donde la comunidad continúa desarrollando su misión contemplativa.

5. La expansión de la devoción carmelitana

La presencia del monasterio también favoreció nuevas iniciativas de vida espiritual y devoción mariana. El 1 de julio de 1999 se estableció la Cofradía de Damas de la Virgen del Carmen, contribuyendo a difundir la devoción a la Madre de Dios en el valle de Cañete.

Años más tarde, en julio de 2008, por invitación de Mons. José Antonio Eguren, se fundó un nuevo Palomarcito en Piura, dando continuidad a la misión carmelitana en otra región del Perú.

6. Cincuenta años de gratitud

Al conmemorar los cincuenta años de presencia carmelitana en Cañete (1976-2026), la comunidad eleva su acción de gracias a Dios Padre por su bondad y providencia a lo largo de esta historia.

Asimismo, agradece la protección de San José, la guía de la Virgen del Carmen y el constante acompañamiento de los pastores de la Iglesia, así como la generosidad de las autoridades, los bienhechores y todo el pueblo del bendito valle de Cañete.

Esta celebración jubilar es una oportunidad para recordar los orígenes de la fundación, reconocer el camino recorrido y renovar el compromiso de continuar ofreciendo a Dios la oración y la vida contemplativa por las necesidades de la Iglesia y del mundo.